Hace mil años y otras mil exageraciones que no escribo. Así, sin pensar en los signos de puntuación mal puestos, pasando los dedos por el teclado a toda prisa con el miedo de que se me olvide alguna palabra y vuelva a pasarme lo que más temo: quedarme en blanco. Admito mi victoria
Hace mil años y otras mil exageraciones que no escribo. Así, sin pensar en los signos de puntuación mal puestos, pasando los dedos por el teclado a toda prisa con el miedo de que se me olvide alguna palabra y vuelva a pasarme lo que más temo: quedarme en blanco. Benditas tradiciones

Si hoy escribo para vosotros es para decir única y exclusivamente dos palabras: benditas tradiciones.
Tiempo para nada.

Nos pasamos la vida haciendo cosas que no nos gustan para poder hacer lo que realmente queremos algún día, sin siquiera tener la verdadera certeza de que ese día tiene fecha prescrita. Sin saber si es cierto que algún día las horas serán completamente nuestras y podremos dedicarlas a lo que nos hace sentir vivos sin recibir ningún tipo de remordimiento. Debería estar haciendo otra cosa, estoy perdiendo el tiempo, hay cosas más importantes que esto, esto es tan sólo un antojo mío, no merece la pena.
¿Qué son los clásicos?
¿Qué es un clásico? Un clásico es aquél que no pertenece a una época, sino a la eternidad, aquél que no pasa de moda, aquél del cual pronuncias su nombre y todo el mundo lo reconoce, aquél que siempre acabamos leyendo a la luz del flexo en mitad de la noche aunque sea por mera curiosidad. Pero para mí un clásico es, sobretodo, aquél que por mucho que pasen los años, décadas y siglos, sigue embaucando a todo tipo de público, sigue teniendo gran repercusión en la actualidad y no deja de enseñarnos siempre algo nuevo, un algo que se queda clavado en tu interior como una pequeña espinita. Cuando esa espinita se clava en el corazón de todos los lectores, acaba por formarse un enorme rosal, y ese rosal pasa a llamarse clásico.Este año es el aniversario de la muerte de dos grandes escritores, clásicos por sí solos. Uno de ellos es mi querido Shakespeare, por el que, puede que por su lenguaje o por el simple hecho de ser todo un enigma, siento gran predilección. Nadie se atrevería a negar que cualquier obra del dramaturgo inglés es completamente un clásico en toda regla, sobre todo si aplicamos esa regla a una de ellas en concreto: Romeo y Julieta, el prototipo de amor trágico por excelencia, y la base de miles de novelas, canciones y películas a lo largo de toda la historia. ¿Cuántas historias se han basado en el amor prohibido de dos jóvenes a causa de su familia? Hemos decidido ir dando capas de azúcar al fatídico desenlace, pero por lo demás, el argumento sigue siendo el mismo.
Si buscas en internet adaptaciones cinematográficas de las obras de Shakespeare la lista es infinita. Si he de nombrar algunas, esas serían El Rey León (basada en Hamlet, por muy increíble que parezca) y West Side Story (basada, evidentemente, en Romeo y Julieta), un musical situado a mitad del siglo XX en las calles de Nueva York. Ambas son maravillosas creaciones tratadas de un modo completamente distinto y llevadas a un género totalmente opuesto.
Lo mismo pasa con la música, por ejemplo. Sus obras han llegado a ser tan inspiradoras que hasta el arte de la música ha cogido prestada algunas de sus maravillosas quotes. En la canción Limelight de Rush se incluye la famosa frase de “la vida es un escenario y nosotros somos simples actores”. También ha inspirado a artistas tan grandes como Elton John, con su canción The King Must Die, Bob Dylan, con Desolation Row, e incluso a Taylor Swift con el tema Love Story, donde se declara oficialmente una Julieta que desea cambiar el final de su historia.
¿Las razones de su infinito éxito? La vida nunca cambia. Tal y como suena. Shakespeare trata temas cotidianos a los que todos nos enfrentamos al menos una vez en nuestra vida. ¿Quién no ha tenido un amor imposible o ha sentido la duda de si hacer o no hacer algo hasta llevarlo a la locura? ¿Quién no ha sentido ambición, celos, y las ganas de venganza (siempre que no incluya un asesinato)? ¿A quién no le han traicionado alguna vez en su vida? Los problemas que él trata siguen existiendo hoy en día aunque en vez de tratarse de todo un país como Dinamarca, se trate tan solo de nosotros mismos. Además, los personajes que manipula son del todo humanizados, y por mucho que hayamos cambiado, la naturaleza del ser humano sigue siendo la misma.
Si tuviera que elegir un clásico favorito tendría que cerrar los ojos bien fuerte y morderme el labio para no decantarme por mi adorado William. Su historia de amor más trágica es, por muy cliché que parezca, mi benjamín de toda la literatura, más por su forma de tratar el diálogo y las palabras que por el argumento en sí. Pero trasladándome al ámbito de la novela, elegiría El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, al sentirme eternamente atraída por la época de los años veinte y sus glamurosas fiestas empapadas de música jazz, que, en una sola tarde, consiguió clavarme su diminuta espina de 183 páginas.
facta, non verba
Frente occidental. Apenas han pasado seis meses desde el inicio de la guerra cuando las tropas alemanas comienzan a decorar sus trincheras, frotando sus manos para entrar en calor. A varios metros de distancia y bajo suelo se encuentra el bando británico. Sus soldados también presentan síntomas por el frío. Las botas se les llenan de agua, y pronto tendrán que gastar más munición en acabar con las ratas que en derrotar al enemigo. Poco después, se distraen de sus tareas al escuchar un murmullo. Son los alemanes, pero ¿qué están diciendo? ¿Qué sucede? Los soldados se esperan lo peor, una amenaza de ataque. Empiezan a ponerse nerviosos hasta que uno de ellos pide silencio: se lleva el índice a los labios y deja pasar el aire a través de sus dientes. "Listen," les pide a sus compañeros.
Entonces el leve murmullo se hace cada vez más audible. No son gritos de guerra, ni ordenes para disparar, sino una tenue melodía que el viento arrastra hasta ellos. Quizá lo último que esperaban, lo más extraño que podría sucederles. Algunos se miran confundidos, creen estar soñando, y no es hasta que pasan unos segundos y reconocen las notas que se dan cuenta de que es completamente real. Otros sonríen, sienten un pinchazo en el pecho, recuerdan a su familia, recuerdan qué día es y los ojos se les llenan de lágrimas a aquellos que no pretenden hacerse los duros. Los alemanes están cantando. No han olvidado la guerra, pero hoy es navidad, y entonan todos juntos una de las canciones más apropiadas para este momento. Un momento que será recordado para siempre, y una canción que pasará a la historia: Stille Nacht. Noche de paz. Para ellos es una noche de paz, a pesar de la situación, una noche que no merece balas, ni aullidos de agonía, ni más víctimas. Es una noche para amar, para compartir, para reunirse como hermanos... Y por eso cantan.La importancia del arte
| El Rapto de Proserpina de Bernini |
El arte es una increíble forma de comunicación en la que a veces sobran las palabras, y el simple hecho de que su contemplación y admiración sea por puro placer la convierte en una forma de evasión de nuestras obligaciones y del mundo real: arte es escapatoria. Desde el comienzo de la existencia del hombre hemos ido desarrollando y puliendo nuestra capacidad creativa, y es quizá de su interminable historia de la que hereda tal importancia en el mundo contemporáneo. El arte nos divide en épocas, etapas, describe cada una de ellas, indica el progreso y eleva el nivel cultural de la sociedad.
Creo que para sentir cierta conexión con el arte no hace falta ser experto en la materia, pues al ser una de las formas de expresión humana más especiales basta con sentirse ligado a las personas; quien no entiende el arte no entiende a las personas. Además, con el arte hay que ser conformista, no pedirle nada a cambio y quedarse satisfecho con el desarrollo de nuestros sentidos y pensamiento.
¿Y qué es el arte? Unos dicen que todo aquello que expresa algo, otros lo restringen a lo bello... Yo digo: ¿qué más da? Mientras todos retengamos una pequeña concepción de ello, sin darle importancia a las discrepancias, y tengamos la suerte de toparnos con ella, dejemos a un lado las definiciones, porque definir es limitar.
Cosas que los youtubers no deberían hacer
Desde su inauguración en 2005, la plataforma de vídeos YouTube, ahora perteneciente al gigantesco mundo de Google, ha ido haciéndose un sitio web de búsquedas casi que imprescindible para la humanidad, ya que millones de vídeos se consumen y publican a diario.
Hace cosa de dos años me empezaron a recomendar vídeos de los que llamaban youtubers, pero, ¿quiénes son en realidad y qué hacen?
“Como estrellas de rock en el firmamento 2.0, estos jóvenes son excéntricos, polémicos, adorados, incomprendidos y, sobre todo, ricos. Ganan millones de dólares gracias a los vídeos que suben a YouTube y son seguidos por hordas de adolescentes.” El Trece TV.
El caso es que el fenómeno youtuber se ha ido extendiendo por todo el mundo en cuestión de pocos años, y ahora, quien no ve los mejores vídeos de los youtubers más famosos poco merecen salir los viernes a tomarse una cerveza.
El caso es que desde que empecé a ver vídeos de algunos en concreto hasta ahora, he podido notar una cierta evolución. No solo se hacen más y más famosos, sino que sus vídeos cambian con el tiempo. Espera, no, con la fama.
Sí, con la fama. Muchas de las estrellas tras la cámara llegan a un punto en el que todo se mueve en torno a ellos, y no es difícil de notar. Por eso hoy he llegado a la conclusión de que hay unas cuantas cosillas que un youtuber nunca debería hacer. (Por supuesto, toda generalización es injusta)
1. “Escribir” libros.
No entiendo la moda del youtuber escritor, e incluso a veces me resulta un pelín insultante a los verdaderos escritores, por eso merece el primer puesto.
Para empezar está el típico libro que es una absoluta y completa copia de los libros de Keri Smith. Casi todo el mundo conoce ya el clamado Wreck This Journal de la autora, pero cuando yo comencé a conocer los libros ni siquiera estaban en mi país (hará unos tres/cuatro años) y de hecho mi ejemplar lo compré en Londres. Me pareció completamente original, novedoso y creativo, pero gracias, no necesito mil libros de diferentes adolescentes basándose en la misma idea que la primera vez es original, pero la segunda y la tercera cansan y son innecesarios, sobre todo cuando lo único que vende es la firma de la persona.
En el mundo de hoy en día lo que cuenta es innovar. No puedes coger una idea que ha fascinado a medio mundo y copiarla “a tu estilo”, que para eso ya tenemos el original, que como con todo, es mil veces mejor. (Aparte de que personalmente creo que los retos que se inventa esta gente son inútiles y para nada creativos).
Otro tipo de libro que vende en masas son las súper autobiografías (ueh). No sé si me hace reír o llorar. Que alguien famoso que ha pasado por situaciones extraordinarias escriba una, vale, pero ¿por qué algún adolescente que no ha vivido ni la mitad de su vida va a gastar páginas y páginas en contar por qué decidió subir su primer vídeo? Créeme, a nadie le importa. Una vez más, vende la marca.
Así que, en conclusión, ¿por qué creo que no deberían gastar el tiempo en escribir libros? Primero porque no es lo suyo. Sí, cualquiera puede escribir un libro, pero no todo el mundo vale para el oficio. Y si tú te has hecho famoso por colgar vídeos, sigue colgando vídeos, no experimentes con algo porque has visto que vende, porque sí. En segundo lugar porque lo que en realidad vende es la marca youtuber, no el libro en sí. Ninguno de esos libros llegaría a la mitad de ventas si no fuese por los fans, porque nadie se para en una librería para comprar un libro de una cara bonita que nos cuenta su vida.
2. Lo segundo que los youtubers no deberían hacer es dedicarse a la música.
Ojo, no digo que la gente que se dedica a la música en youtube sean malos músicos, hay veces que los covers son incluso mejores que la original. A lo que me refiero es a la gente que de buenas a primeras saca un pedazo de vídeo para su single con cuarenta filtros hipsters, humo de colores y carencia de contexto. Eso sí, la música electrónica y pop barata es el canon para estos jóvenes. ¿Originalidad? De nuevo les falta. Aparte de que muchas tienen letra que parece ser escrita por Abraham Mateo, songwriter, la inmensa mayoría suenan igual: voces planas, mucho chumba chumba del barato y melodía… mejor no hablar de ello. Los gustos musicales son un área muy peligrosa, pero no creo que a nadie que le guste ese tipo de música vaya en busca de esos singles chatarra. Cómo no, vuelve a ser el personaje quien da rienda suelta a la venta obsesiva.
3. Por último (y solo porque tengo los dedos doloridos) están los Daily Vlogs.
Me encantan los vídeo blogs, soy muy cotilla. Me encanta ver qué hace la gente, sobre todo si viven en la otra punta del mundo y sus vidas son completamente distintas a la mía, pero bebés, consejito del día: todo en exceso es malo.
Actualmente todo el mundo se queja del exceso de tecnología, en concreto de los smartphones. Que si estás comiendo con alguien y mientras hablas la otra persona está chateando, que si ahora nos hacemos selfies con todo, que si bla, que si ble. Esto es lo mismo, pero en vídeo. ¿Quién coño soportaría vivir con alguien que va con una cámara constantemente y que lo graba todo? ¿Que la comida tiene una pinta increíble? Espera, que lo grabo. ¿Que voy a un concierto? ¿Para qué disfrutar de la música? Espera, que lo grabo. ¿Que un amigo viene de la Conchinchina? Antes de saludar, grabo.
Personalmente, no me importa un pimiento (no llaméis a Sin Chan) tu vida diaria. Sí, un viaje está bien, un festival, un acto importante, la preparación de una fiesta, cosas puntuales. Pero no tengo la necesidad de ver media hora sobre tu vida todos los jodidos días, y si a alguien le interesa, se llama obsesión. Oh, tía, ¿has visto lo que ha subido hoy? Sí, tía, su perro dio dos volteretas y comieron pollo asado. ¿Cómo vivir sin saber esto? ¿Por qué leer, estudiar para los finales, ver fotos de cachorros, cuando puedes ver esto?
En fin, como mi profesor de arte dice: no toda la obra de un artista es buena y hay obras de artistas no conocidos muy buenas.